REFERENCIAS HISTÓRICAS DE LEÓN
Las tierras de Castilla y León apenas habían reaccionado a la muerte de Almanzor en 1002 cuando el rey navarro Sancho el Mayor dominará los reinos hispanos desde los condados catalanes hasta León.
Pero será su hijo Fernando I (1037- 1065) quien conseguirá la unificación de Castilla y León y creará las bases económicas y políticas que llevarán a su estado a un importante período de expansión.
Este florecimiento económico atrajo a importantes artistas que se dedicaron a exaltar la figura del monarca. La iglesia de los Santos Juan y Pelayo, patrocinada por los monarcas leoneses son una prueba de la pervivencia de soluciones arquitectónicas de la Península.
Es así como, la presencia de la Corte en la capital leonesa será decisiva para el impulso de la actividad constructiva y el desarrollo de la arquitectura románica en la provincia.
Es necesario añadir que durante el reinado de Fernando I y doña Sancha se propicia no solo la renovación de todas las formas que hasta entonces constituían el patrimonio hispano sino que fomentan la llegada de artistas que trabajan en la corte con las nuevas técnicas importadas de Europa.
Durante los años 1050-1075, aumentó en León la presencia de monjes benedictinos catalanes lo que conllevaba una mayor influencia de los monjes de Cluny, y la presencia de constructores que realizaban edificios semejantes a los de Cataluña.
El rey Sancho III, heredero de los ideales de su padre, Fernando I, potenciará las relaciones con Europa, llevado por la colaboración de los pontífices que pretenden renovar la iglesia hispana. Sufragará así la abadía borgoñona de Cluny, por lo que sus monjes le asesorarán en su reforma.
Pero el proceso renovador requerirá mucho tiempo: durante el último tercio del siglo XI, y muy especialmente en el reinado de Alfonso VI, se estableció la reforma cluniaciense que afectó a edificios como San Isidoro de León.
Será en torno a 1085, con la conquista de Toledo, cuando los territorios del Duero empiezan a tener poblaciones importantes que levantaban templos a imitación de las grandes empresas constructivas. De esta forma, en torno al 1100 encontraremos muchas obras que ponen de manifiesto la llegada de las nuevas fórmulas constructivas propias de un estilo plenamente consolidado que denominaremos "pleno románico".
Del primer cuarto del siglo XII datan los primeros frescos románicos conservados que conjugan las características formales de la escuela italo-bizantina y francesa.
Durante el reinado de Alfonso VII (1126- 1157) empiezan a establecerse las comunidades cistercienses, pero sus iglesias no se levantarán hasta el último tercio del siglo XII, entrado ya el período tardorrománico.
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