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PRECEDENTES. PERÍODO PALEOCRISTIANO Y VISIGÓTICO.
El cristianismo se introdujo en España durante el siglo I d.C, y cohabitará con la religión oficial romana, hasta el edicto de Constantino, y con cultos célticos en el Norte de la Península, hasta el siglo V. Los grupos de cristianos aumentaron durante los siglos II y III, sufriendo una continua represión de la que nos han llegado numerosas referencias a mártires de procedencia hispana. La libertad de culto llegará con el Edicto de Milán, el año 313, lo que provocará el paulatino crecimiento de las comunidades, el aumento del poder de la iglesia y, por tanto, un mayor número de muestras artísticas.
El año 409, suevos, alanos y vándalos entran en la Península Ibérica para ocupar Galicia, Lusitania y parte de la Bética. El año 415, tras haber saqueado Roma y fundado el reino independiente de Tolosa, los visigodos son requeridos por el poder romano para acabar con estas tribus asentadas en territorio hispano. Este pueblo, cuyo origen se pierde en la zona del mar Báltico, aprovechará la debilidad de Roma, para ir haciéndose con el dominio de la Península, un acontecimiento que será definitivo en el 476. En el 507, derrotados por los francos en la Galia, trasladarán su capital a Barcelona y, definitivamente, a Toledo. A lo largo de este siglo VI se producirá la ansiada unificación del territorio peninsular, tras expulsar a los suevos de Galicia y acabar con el efímero dominio bizantino en algunas zonas del sur. También se producirá la unificación religiosa, el año 589, abandonando sus creencias arrianas en favor del catolicismo, lo que producirá una mejora de las condiciones para que se produzca la homogeneización social entre visigodos y población hispanorromana.
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